Los yacimientos arqueológicos
del Tossal de la Cala, el montículo situado
en un extremo de la playa del Poniente, constituyen un
testimonio de presencia humana en la Edad Antigua y en el
término municipal. Los restos excavados informan de un
poblado ibérico --civilización autóctona que fue fuertemente
influida por griegos y fenicios en un principio-- con
necrópolis contigua, cuyo período de existencia transcurre
entre los siglos III y I aC. Los estudios realizados señalan
que el agrupamiento humano era de tipo tribal, con base
económica sostenida por la pesca --se encontraron restos de
redes--. La cultura feniciocartaginesa influyó desde Ibiza
de forma sustancial en la organización social ibérica, como
demuestra las bellas terracotas de la cabeza de la diosa
púnica Deméter-Coré (más conocida como Tánit) hallada en las
excavaciones. Roma también dejó muestra de su dominio de la
zona, pues los restos de una villa romana en la Partida del
Moralet así lo atestiguan. Asimismo resulta interesante
dejar constancia de la existencia de fragmentos de naves
púnicas y romanas naufragadas en la bahía de Benidorm.
El emplazamiento del Benidorm
actual tiene su origen en las necesidades defensivas
medievales de la costa oriental hispánica. El rey
catalanoaragonés Jaime I El Conquistador obtiene el
territorio benidormense alrededor del año 1245, en el marco
de la expansión cristiana contra el poder musulmán,
instalado en la Península Ibérica desde los años 711-712 dC.
El espacio geográfico benidormense estaba poblado por
familias moriscas, es decir, musulmanes que continuan
viviendo en sus lugares de origen después de la conquista
cristiana, familias que formaban un grupo humano diseminado
por el campo y proclive a rebeliones contra las nuevas
autoridades cristianas. Existía un poblamiento islámico
importante (tipo alquería) en la Partida de Lliriets. Jaime
I repartió los feudos conquistados del Reino de Valencia
entre sus colaboradores en la campaña militar quedando gran
parte de la comarca en poder del almirante Bernat de Sarrià.
El 8 de mayo de 1325, fecha clave en la historia de la
ciudad, el almirante Bernat de Sarrià concede la Carta
Puebla de Benidorm, acto por el cual el señor nobiliario
crea el castillo y la villa de Benidorm. La función de dicho
documento consiste en marcar los límites del término de la
nueva población, así como intentar atraer el establecimiento
exclusivamente de familias cristianas pactando unas normas
reguladoras de las relaciones sociales, económicas y
políticas entre el señor feudal y los futuros vasallos.
De esta forma Benidorm nace
en su ubicación presente, un promontorio rocoso que divide
las dos playas más importantes, y forma parte desde entonces
del Reino de Valencia. Estratégicamente el origen de la
villa se debe al temor imperante en aquel tiempo al superior
número de moriscos existentes en la zona, sometidos a un
poder cristiano, y las posibles alianzas de éstos con sus
hermanos de religión del Norte de Africa. Económicamente se
pretende hacer productivo el territorio para las arcas del
señor feudal, objetivo que implicaba una necesidad de mano
de obra no exclusivamente musulmana. A partir de 1335
inicia, ya como señor territorial, el Infante Pere d'Aragó i
d'Anjou la decidida construcción de la villa, obra que
prosigue su hijo Alfons d'Aragó i de Foix. Benidorm
pertenecerá desde la fecha de creación del Condado de Dénia,
año 1356, a éste y posteriormente al Ducado de Gandia. En
1430 el entonces señor de Benidorm, el Infante Joan, hijo
del rey Fernando I de la Corona de Aragón y por aquel tiempo
rey de Navarra, vende el término al noble Ruy Díaz de
Mendoza, pues las dificultades financieras con motivo de
conflictos bélicos del monarca le obligaron a desprenderse
de muchos de sus señoríos.
Las dificultades para el
sostenimiento de la villa cristiana fueron enormes. Las
cercanías seguían estando habitadas por lo que entonces se
denominaba infieles, los barcos piratas frecuentaban las
costas y, por si eso fuera poco, año tras año persistía el
problema de los escasísimos recursos de agua existentes para
la agricultura, obligada a un secano riguroso. A partir de
esas premisas debemos entender el declive demográfico de
Benidorm, cada vez más pronunciado, paralelo al
mantenimiento de la fortaleza militar mandada construir por
el fundador de la villa. La pesca, presagiando una constante
histórica de dependencia de la mar, fue en aquellos tiempos
el pilar de la economía local.
La población sufre dos
terribles ataques piratas, el primero hacia 1410 y el
segundo en 1448, que asolan la villa y el castillo. A partir
de 1448 Benidorm se despuebla. Sabemos que en el siglo XVI
el castillo se amplia y repara, concretamente en torno a los
años 1530, 1563 y 1575. Pero la pequeña villa en esa época
parece que seguía sufriendo un despoblamiento urbano total,
como informa en 1574 el beato Joan de Ribera al hablar sólo
de la existencia de unas cuantas familias de pescadores sin
constituir un hábitat estable.
Poco a poco, con la mejora
de las defensas de la costa y el progreso de la pesca, la
villa de Benidorm se consolidó, ya dentro de la llamada
Baronía de Polop. La clave del progreso de Benidorm para el
establecimiento de población vino de la mano de la
aristócrata Doña Beatriu María de Fajardo Mendoza: la
construcción a partir de 1666 del Rec Major de l'Alfàs i
Benidorm, una acequia que aportaba ya en 1701 pequeños
caudales, pero vitales, desde el interior de la comarca a su
área marítima. La obra permitió crear regadío en la zona y
atraer personas de la comarca. La iniciativa aristocrática
se completó con el otorgamiento de una Carta de Población,
reguladora de las relaciones sociales --en el documento, por
ejemplo, se ordena que han de vivir 40 familias dentro de
los murallas de la villa--. En 1715 la población contaba
alrededor de 216 vecinos. En torno al año 1740 se levanta la
actual Iglesia de Sant Jaume (San Jaime), lo que permite
deducir el rápido auge demográfico, plasmado al cabo de los
años en los 2.700 habitantes de la localidad registrados en
1794.
A esta expansión no era
ajeno el arte de pesca de la almadraba --una especie de
inmenso laberinto marino de redes fijas mediante el cual se
capturan los atunes en sus periodos migratorios--, el cual
alcanzó esplendor en Benidorm. Desde muy antiguo (siglo XIV)
este arte se vino practicando en la villa, pero a partir del
siglo XVIII los pescadores de Benidorm irán granjeándose por
todo el Mediterráneo una merecida fama de técnicos
excelentes -- los capitanes se denominaban arraixos en
valenciano, arráeces-, pues su almadraba del Racó de l'Oix
será una de las más eficientes. Los duques de Medinaceli
gozarán del privilegio regio de explotar esta industria,
quienes, a su vez otorgarán concesiones a empresarios.
La Guerra del Francés (en
tierras valencianas, 1808-1812), además de la profanación
del cementerio por las tropas napoleónicas, comportó la
destrucción del castillo por las tropas inglesas. El régimen
señorial recibirá una herida de muerte con los embates del
liberalismo, tropismo histórico que se concretará en la
comarca con la desaparición del régimen senyorial. Los años
posteriores al conflicto bélico conocieron el contrabando
generalizado en nuestras costas, tramado por naturales de la
comarca, genoveses, malteses, dálmatas, gibraltareños, etc.
También hay que destacar que desde los primeros años del
siglo XIX hay testimonio de la actividad corsaria
desarrollada por naturales de Benidorm. Sobresale la figura
de Joan Baptista Pérez, quien a partir de unos cañones de un
buque inglés donó el mineral arrebatado para crear, mediante
su fundición, las campanas de la iglesia. En ese contexto,
en 1826 el rey Fernando VII autoriza armar dos barcos
benidormenses, dirigidos por Miquel Orts García, para
apresar buques contrabandistas, acto que abrió el camino a
la creación de la empresa Guardacostas Orts y García. Al
cabo de algunos años la firma dispondrá de 6 navíos siendo
el más importante una fragata de 18 cañones. La compañía
formó unos excelentes marineros locales, instrucción que
sirvió al cabo de los años para nutrir a la marina mercante
española de profesionales cualificados, desde capitanes de
navío a marineros pasando por contramaestres o, con el paso
del tiempo, telegrafistas. A parte de la pesca y la
agricultura, la navegación fue una fuente de ingresos de
primer orden para la sociedad benidormense, aunque muchas
esposas tuviesen que vivir casi siempre sin sus maridos. De
aquí podemos deducir dos aspectos importantes para conocer
el pasado de la ciudad: el importante papel jugado por las
mujeres en la economía local y la mentalidad abierta de los
benidormenses, acostumbrados a viajar por medio mundo.
En 1857 la villa tendrá registrados a 3.720 habitantes.
Pero la mejora de las
comunicaciones permitirá el inicio, tímido en sus
principios, de una nueva faceta económica: el turismo. En la
segunda mitad del siglo XIX abrirá sus puertas el Balneario
la Virgen del Sufragio (circa 1870). La construcción de la
carretera Silla-Alicante y la llegada a Alicante del
ferrocarril desde Madrid ayudarán a prosperar con lentitud a
esta industria. Primero vendrán pioneros veraneantes de
Alcoy y Madrid, que a partir de 1914 dispondrán de un
ferrocarril de vía estrecha --el popular Trenet de la
Marina--, que en un principio unía Alicante con Altea y, por
tanto, con Benidorm. Con todo, los demás sectores económicos
locales no estaban pasando por un buen momento, pues, a
título de ejemplo, la marina mercante entraba en crisis con
la pérdida de las últimas colonias ultramarinas (1898: Cuba,
Puerto Rico y Filipinas) y poco después el boom de la
agricultura de la vid (vino y pasa) se fue al traste con la
llegada de la filoxera (1900-1914). En 1920 la cifra de los
vecinos de la villa desciende a 2.976 almas, hecho que nos
indica una emigración hacia Cuba, el barrio marítimo de
Barcelona y costa de Cádiz.
En torno al 1925 se
construyen los primeros chalets en el área de la Playa de
Levante. Durante la Guerra Civil española de 1936-1939 la
población formará parte de la retaguardia del territorio
republicano y participará en los aires de cambio de la época
con la incautación sindical, verbigracia, de la Almadraba
del Racó de l'Oix.
Poco a poco se recuperarán
las actividades socioeconómicas tras el conflicto bélico,
con la pesca como ramo productivo más destacado. Sin embargo
en la década de los años cincuenta se dan los pasos para
producir una verdadera transformación. Por un lado, en 1952,
se cierra por bajo rendimiento en capturas la Almadraba del
Racó de l'Oix, algo traumático para muchas familias
dependientes de la misma; pero, por otro lado, en 1956 el
Ayuntamiento aprobaba el ordenamiento urbanístico de la
villa en orden a crear una ciudad concebida para el ocio
turístico a base de calles bien trazadas y amplias avenidas
siguiendo la configuración de las playas. Serán años de
progresivo crecimiento debido al relevo acaecido en el
sistema económico legal, que abandonaba el sector primario
(pesca y agricultura) y apostaba por el terciario (servicios
turísticos). En diez años, los que separan el 1950 del 1960,
se pasa de 2.726 habitantes a 6.259, es decir, la población
se incrementó en un 129%. Aumenta paralelamente la oferta de
plazas hoteleras generándose cambios en la clientela, pues
el turismo español comienza a compartir el espacio con los
visitantes de otras partes de Europa, primero llegados con
su vehículos y luego, con la entrada en funcionamiento del
aeropuerto de l'Altet en 1967, con un importante número de
extranjeros llegados en vuelos chárter. La ciudad crece
espectacularmente tanto en plano horizontal, a causa de la
ocupación de su término por construcciones, como en el
vertical, con edificios de elevada altura. En 1970 se
alcanzan los 12.003 habitantes; en 1981, los 21.544; y en
1997, los 50.176 vecinos. Inmigran a la ciudad
fundamentalmente andaluces y castellanos, pero también en
estos últimos años ciudadanos extranjeros. Dos cifras de
1995 nos pueden ilustrar de la excepcionalidad benidormense:
la existencia de 31.686 plazas hoteleras y 4.495 plazas de
campings.
En la década de los noventa
la oferta hotelera de Benidorm ha logrado consolidar un hito
turístico, cual es la ruptura de la estacionalidad en la
afluencia de visitantes. En la actualidad la ciudad siempre
mantiene un excelente nivel de ocupación hotelera, tanto en
verano, al igual que ha venido siendo tónica general en
nuestro pasado próximo; como recientemente en invierno,
fenómeno nuevo, de la mano del turismo de personas
jubiladas. Para el inicio del siglo XXI se proyecta un hecho
de una relevante transcendencia económica: la apertura de un
gran parque temático, impulsado por la Generalitat
Valenciana - el gobierno autonómico-.